Hoy… Cansado

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Los sonidos a deshoras se vuelven molestos. Es solo una parte del aura que abre la puerta a la tortura de un torbellino de enfado. Es la prueba de que existen límites, y que se han visto violentamente sobrepasados.
 
Una mirada que genera arcadas, una risa superflua que da asco, un aspecto plástico que se siente peor que el excremento y una inconsecuencia que fatiga. Es la prosodia que envuelve a tu rostro y te transforma en un concepto vomitivo.
 
Tu mueca atónita no lo entiende. Nunca has comprendido nada más allá de tus uñas perfectamente decoradas y sueños de espuma barata. Nunca te diste el tiempo para dejar de ser un maniquí perfecto... y tiempo, es precisamente lo que menos tengo.
 
Entre ceder o ser devastado, honestamente prefiero lo segundo. 
 

Sobre Sendero Recorrido

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El sol aparenta cumplir con la rutina que frecuenta día a día; una caminata como tantas otras que parecieron morir con la salida de un satélite diminuto, solo para propiciar el inicio de un nuevo ciclo.

El anaranjado crepúsculo da paso al nacimiento de siluetas oscuras, que se extienden hasta los pies que recorren una mezcla de tierra y asfalto por senderos familiares en un mundo lleno de pilas de huesos y manos corrompidas.

Por un momento estoy en medio del camino de enormes monstruos metálicos, cubierto por la sombra de gigantes de piedra. De improviso cae la noche; sin motivo aparente, las hojas caen mientras rostros inexpresivos se acercan por ambos lados para perderse tras mi punto ciego.

Es un trayecto redundante; esta vez sin compañía ni motivo aparente. Vuelvo al punto en donde tantas veces nos despedimos de forma inocente. No sé aún qué es lo que extraño, pero cuando lo descubra, prometo escribirlo para no olvidarlo.



Paréntesis

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Es extraño que dolor precordial, disnea, disuria o cefalea, sean conceptos carentes de sentido en la actual cascada de arenas. La radiografía de este pecho afectado por una molestia urente, refleja un contorno de espectro radiopaco que encierra una minúscula burbuja carente de aire, carente de contenido y carente de propósito a simples luces, pero capaz de entorpecer el funcionamiento normal del continente.

Dos tazas de café vacías... un cigarrillo con aroma a lápiz labial... una mirada dulce... una sonrisa sincera... simple miel de múltiples gustos.

A dónde conduzcan mis pasos se ve desprovisto de importancia, en la medida que logre encontrar ese cálido regazo; labios que humedezcan mi frente y alivio para el latido de un corazón famélico.

Solo

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Como testigo de la génesis de una pálida melodía gutural, observo cómo se precipitan con turbulencia filamentos metálicos que vibran al unísono.

La verdad asoma su rostro entre bisagras nebulosas, trayendo consigo seguridad. Ya más lúcido, me encuentro poco a poco con un trozo de mí a la vez. Trabajamos, retomamos nuestros turnos y nos volvemos, a cada paso, menos invisibles.

En la medida en que encuentro estos fragmentos de mi persona, dibujan finalmente un espejo fracturado. Los tomo por lo que son e intento huir de los muros de cristal.

Mi camino se encuentra fuera de esta caja; la libertad aguarda, pero se aleja de mis horizontes en la medida que aún no estoy completo.

Por ahora, mis fragmentos ocultos me dejan fuera del trato; me arrestan y me acarrean dentro.

La verdad trae consigo garantías. A su vez, la suma de los miedos es el alimento del claustro, pues la salida libre trae consigo responsabilidades difíciles de asumir.

Los acordes de un instrumento desafinado me permiten repeler las nubes oscuras, despejar ideas, encontrar fragmentos y buscar puertas de salida.