Triángulo

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He dirigido los ojos en incontables oportunidades a los cielos, en busca, quizás, de algún tipo de orientación o consuelo; en busca de emplearlos como lienzo de un sinfín de sueños volátiles; en busca de encontrar un regazo protector, símil al vientre materno, para conjugar pensamientos con memorias de marco exiguo.

La luna, con su luz deslustrada, me recuerda la última vez que bebí de tus labios. Esa mirada cómplice e inocente eclipsaba mis temores, y cabellos negros vistieron tu rostro de tonalidades únicas, mientras el golpe de las olas fue inaudible por no tener los pies sobre la tierra.

Al final de cada viaje onírico, la realidad arremete como una cascada de piedras, dando espacio a la violenta revelación de que el aroma de tus hombros ya es solo una memoria lejana.

Ella me pregunta por qué lentamente me volví la pálida imagen de mí mismo, y con vergüenza no sé qué responder. A veces edifiqué planes para salir de esta prisión; a veces especulé las palabras adecuadas de una plegaria que me brindara un poco de redención y así hacerme las cosas más simples.

Me hiciste creer en la mentira de que no hay perdón piadoso fuera de tus brazos, de que eres el ángel que da propósito a mis latidos y escucha mi respiración solo para saber lo que estoy pensando. Pero, aunque ahora te disfraces de cielo, no pediré volver a caer en el juego sin sentido del cual gustas tanto.

Busca nuevas maneras de divertirte... Por mi parte, disfruto de la pétrea frialdad que solo la soledad puede brindar, y veo luces en muros que no existen.


En el Camino

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Tratando de mantener la voluntad erguida, observar mis pies se ha vuelto habitual en este último tiempo, al igual que gastar calzado aplanando calles. Sin percatarme de ello, los tonos lívidos reemplazan la aurora que el sol dejó morir con su partida, y rostros incontables de ánimas sin nombre quedan atrás en este sendero decorado por estáticas luciérnagas. 
 
En ese oasis, entre el cauce de bestias de metal y ríos de piedra, el ceniciento cadáver del primer cigarrillo sirve de vida para el segundo. Los brazos de gigantes de madera se muestran desnudos y acogedores bajo la mirada vigilante de la luna, solo para revelar mi marcha cansina en busca de razones para no terminar la vida debajo de un puente.
 



Vista en Cutout

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Cuatro rostros mellizos disimulan calcular mi valía con una sonrisa en sus ojos marchitos.
Cuatro rostros violáceos ocultan hábitos, sueños, deseos y frustraciones tras heridas abiertas.
Cuatro rostros cadavéricos exudan ambición insana desde pómulos postrados.
Cuatro rostros de animales inhalan un vaho inmortal con semblante acogedor.

El blindaje en las raíces se desfigura y cae, en intenso dolor, para dar espacio a amaneceres de colores nunca antes vistos. Un nuevo inicio luego de investir a esta envejecida anatomía con un yelmo que madura con el paso de las lunas.

Mis sentidos se embriagan con las imágenes de un perfil ya ajeno, atormentado por los relatos que nunca serán contados y consciente de que cambiar las velas no es sinónimo de ver las cosas desde una perspectiva diferente.

Mi ente te confirió valor; pues es ahora él quien te lo arrebata, deseándote suerte en el letargo obtuso de ser otra sombra gris en donde los puntos blancos y negros escasean.

Reprimir excesos + ahogar pulsiones = procesos fútiles bajo la mediocridad de la autocomplacencia.

Se vuelve necesario caer descalzo para entender qué es sentirse caminante.

Cráneo y vísceras, al fin armonizan.







Metamorfosis

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La imagen del cristal me habló nuevamente. No como antes. Nunca había sido tan cruda ni tan directa. Desnudó las páginas de un libro escrito en un lenguaje mágico, prácticamente incomprensible, volviéndose la luz asesina de sombras indelebles que disfrazan un cuerpo putrefacto, como mallas negras a una muñeca de pálida porcelana.

Ser fiel a los dictámenes de una bomba cardíaca atrófica, asumir su conducta y comprometerse con ella no se caracteriza por ser una meta exenta de complicaciones, más aún si ese corazón figurativo se muestra tan vacío que se mimetiza con la nada.

Al igual que una mariposa nocturna, salir de la crisálida para acariciar los favores de la noche es la génesis de un nuevo y potente mito: la alegoría de una coraza plateada y el compromiso ante un arca de salvación. Todo mientras disfruto la tonada de una banda de jazz fusión que toca al aire libre sobre pétreos pastelones perennes, aún húmedos por la lluvia del día anterior.






Arco Vikingo

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Tengo fallas en mi memoria. Las palabras ya no nacen con la facilidad ni la seguridad acostumbradas. Comprendo que es solo el remanente de un golpe que ha perpetuado un daño más profundo que el tinte oscuro en la piel o las pequeñas lagunas sanguinolentas en la nieve. Es un daño a nivel espiritual que fractura el movimiento alternado —y, a veces, coordinado— entre acciones y emociones.

Cuestiono si deseo participar en esta cruel lid. La magia y los rituales ancestrales ahora no sirven más que para justificar algo que cada vez tiene menos sentido.

¿Será acaso que me estoy rindiendo? ¿Llegó, finalmente, el momento en el que no puedo dar más batalla?... Deseo proseguir la marcha con los brazos en alto, por mi mujer, por mis hijos, por la tierra de mis padres, que a su vez la heredaron de los suyos. Es por este norte que me vuelvo más fuerte que los grandes robles.


Hoy… Cansado

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Los sonidos a deshoras se vuelven molestos. Es solo una parte del aura que abre la puerta a la tortura de un torbellino de enfado. Es la prueba de que existen límites, y que se han visto violentamente sobrepasados.
 
Una mirada que genera arcadas, una risa superflua que da asco, un aspecto plástico que se siente peor que el excremento y una inconsecuencia que fatiga. Es la prosodia que envuelve a tu rostro y te transforma en un concepto vomitivo.
 
Tu mueca atónita no lo entiende. Nunca has comprendido nada más allá de tus uñas perfectamente decoradas y sueños de espuma barata. Nunca te diste el tiempo para dejar de ser un maniquí perfecto... y tiempo, es precisamente lo que menos tengo.
 
Entre ceder o ser devastado, honestamente prefiero lo segundo. 
 

Sobre Sendero Recorrido

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El sol aparenta cumplir con la rutina que frecuenta día a día; una caminata como tantas otras que parecieron morir con la salida de un satélite diminuto, solo para propiciar el inicio de un nuevo ciclo.

El anaranjado crepúsculo da paso al nacimiento de siluetas oscuras, que se extienden hasta los pies que recorren una mezcla de tierra y asfalto por senderos familiares en un mundo lleno de pilas de huesos y manos corrompidas.

Por un momento estoy en medio del camino de enormes monstruos metálicos, cubierto por la sombra de gigantes de piedra. De improviso cae la noche; sin motivo aparente, las hojas caen mientras rostros inexpresivos se acercan por ambos lados para perderse tras mi punto ciego.

Es un trayecto redundante; esta vez sin compañía ni motivo aparente. Vuelvo al punto en donde tantas veces nos despedimos de forma inocente. No sé aún qué es lo que extraño, pero cuando lo descubra, prometo escribirlo para no olvidarlo.



Paréntesis

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Es extraño que dolor precordial, disnea, disuria o cefalea, sean conceptos carentes de sentido en la actual cascada de arenas. La radiografía de este pecho afectado por una molestia urente, refleja un contorno de espectro radiopaco que encierra una minúscula burbuja carente de aire, carente de contenido y carente de propósito a simples luces, pero capaz de entorpecer el funcionamiento normal del continente.

Dos tazas de café vacías... un cigarrillo con aroma a lápiz labial... una mirada dulce... una sonrisa sincera... simple miel de múltiples gustos.

A dónde conduzcan mis pasos se ve desprovisto de importancia, en la medida que logre encontrar ese cálido regazo; labios que humedezcan mi frente y alivio para el latido de un corazón famélico.